Próxima parada: Arizona
El escritor Paulo Coelho dijo que:
"Cuando deseas algo con mucha fuerza, el universo entero conspira para que lo consigas."
Y eso es, exactamente, lo que me ha pasado. Pues, hace apenas un mes, aquel miércoles 26 de marzo de 2025, sobre las 11:00 de la mañana, marcó el inicio de un capítulo nuevo en mi vida. Y es que en, aproximadamente dos meses, estaré cogiendo un avión con destino a cumplir uno los sueño que más he deseado durante los últimos años. Un sueño que ya empieza a tomar forma y que, ahora también, tiene nombre: Arizona.
Pero en medio de la emoción, la ilusión y la alegría. Siento un torbellino de sentimientos que se mezclan y se atropellan en mí, como si en un solo día, en un solo instante, todos ellos se fusionaran. Y hay momentos en los que el miedo al cambio, la incertidumbre a lo desconocido, el vértigo de lo que dejo atrás y de cómo puede avanzar y cambiar todo, me envuelven. Esa sensación de temor al paso del tiempo, a cómo las cosas, las personas e incluso a la versión de mí misma que soy ahora, pueden transformarse mientras estoy lejos. Aunque sé que, al final, todo esto, forma parte del proceso, una señal de que estoy viviendo algo grande.
Es como si estuviera pedaleando a toda velocidad en una bicicleta, con el viento de cara y el corazón acelerado, buscando el equilibrio en medio de este caos emocional. Confiando en aquellas palabras de Einstein: "Para mantener el equilibrio, debes seguir adelante." Porque sí, el verdadero equilibrio de la vida, a veces, se encuentra en esos momentos de incertidumbre, cuando todo lo conocido se desvanece y nos lanzamos al vacío, sin saber qué nos espera, pero con la esperanza de que cada paso nos acerca a algo mejor, con la certeza de que lo que está por venir será algo increíble, algo que merecerá la pena.
Este blog no es solo un lugar donde contar lo que me sucede, es mi punto de encuentro de emociones, mi manera de acercarme a los que dejo atrás, de sentir que, aunque el mundo siga girando, sigo profundamente conectada con mis raíces. Es la prueba de que, cuando sigues lo que te llama con el corazón, el destino acaba por abrirte el camino. Porque aunque alguna vez lo vi lejano, casi imposible, nunca dejé de intentarlo. Seguí luchando, y eso —eso— es lo que realmente importa.
Así, lo que una vez fue solo un sueño, ahora es mi realidad y todo empieza, por fin, a encajar. Y en este espacio, donde convergen mis vivencias, mis miedos, mis logros y mis ilusiones, empieza el viaje de verdad. Porque lo mejor, sin duda, aún está por llegar.
Lidia
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